Menos Inercia

Sábado 16 de abril de 2016.

La fórmula no ha cambiado, al  gobierno no le basta con destruirse a sí mismo, sino que nos quiere llevar a todos con él.  Han decretado nuevamente un día como no laborable en un país en terapia intensiva. En momentos cruciales como los que vivimos, un día sin trabajo es un día que se retrasa para la poca producción nacional que queda,  para la importación de alimentos, para obtener medicamentos,  para la búsqueda de soluciones sociales y políticas a nuestra decaída sociedad.  Lo sabemos por experiencia. Este país necesita más trabajo y menos inercia.

Este es el año del no trabajo de este país, de inactividad y por ende, de mayor crisis para el pueblo.

En otro momento, cualquiera consideraría esta medida como una acción populista de decretar fin de semana largo después de una quincena. Pero, ¿qué significa el sueldo hoy en día en Venezuela donde el trabajo es tan mal remunerado?

A pesar de las barreras y bloqueos impuestos por el gobierno de Nicolás Maduro que denigran la vida del venezolano, muchas personas  en el país dintentan sobrevivir. Se rebuscan aquí y allá con dos y tres empleos para lograr adaptarse al costo de la vida actual. Y hasta ese derecho se nos busca cercenar.

En su afán por bloquear las iniciativas constitucionales que buscan dar solución a la crisis, como el referéndum revocatorio, bloquean el progreso y la cultura del trabajo. Prefieren movilizar a los empleados a sus mítines que usar el talento humano para la búsqueda de soluciones a la inflación, la escasez y la inseguridad, a la precariedad de los servicios. En definitiva, a salir a flote del foso en el que las malas decisiones gubernamentales nos ha hundido.

Tomando las palabras de Rubén Blades, las cuentas del alma no se acaban nunca de pagar, y el gobierno de Nicolás Maduro pretende destruir el alma del trabajo y el esfuerzo en Venezuela.

No lo lograrán. La fuerza de la voluntad de cambio se respira, a pesar de lo pesado del ambiente. A pesar de Maduro y su gobierno. A pesar de su encierro y su afán por ignorar al pueblo.  Cuando un país está decidido a cambiar, no hay autoritario que lo detenga.