Violencia, fanatismo y política

Martes, 07 de Julio de 2015.

La tragedia de Charleston y las explosiones ocurridas en Bogotá en días pasados requieren un llamado de atención de la humanidad

La tragedia de Charleston y las explosiones ocurridas en Bogotá en días pasados requieren un llamado de atención de la humanidad. Una vez más, la violencia derivada del fanatismo hace de las suyas. Ya reflexionaba Javier Marías en una entrevista de principios de este año que su principal temor sobre el mundo en los próximos 100 años es la fanatización de cualquier causa que la gente tome como suya: la religión, el color de la piel, no comer carne, andar en bicicleta, la política.

 Sabemos que es este un tema de larga data y eso nos muestra cuán complejo es. Pero si en algo ha intentado trabajar la especie humana por siglos es en la construcción de puentes, de una sociedad más justa y con menos barreras. En eso coincidimos muchos, la violencia nos aleja de cualquier avance o evolución. 

En medio de una fuerte crisis política, social y económica, el mayor anhelo de los venezolanos es que la violencia desaparezca de nuestro entorno. Sabemos que ese es un primer paso para salir del atolladero. Que seamos amables y respetuosos con quienes nos rodean y dejemos de gritarnos en la calle, de pelear en una cola, de maltratar al otro y viralizar el video como si se tratara de un acto heroico. 

Pero ¿qué pasa si el promotor de la violencia en todas sus formas es el Estado? Obviamente, todo resulta mucho más complicado. Venezuela se ha convertido en un tema para la comunidad internacional, la cual -preocupada por lo que aquí ocurre- propicia y promueve un diálogo sincero. Todos sabemos que es esa la única manera posible de conseguir una solución pacífica. Mientras tanto, los principales voceros del Gobierno siguen insultando, maltratando, persiguiendo y amenazando a quienes piensan distinto. La solución es la producción y la respuesta del gobierno es declararles la guerra a los empresarios.

Todo lo anterior demuestra cuán desconectados están de los verdaderos deseos del pueblo venezolano. Por eso les gusta infundir miedo a través de las palabras. Sin embargo, es la voluntad del pueblo venezolano abrir paso a la reconciliación y al cambio. Esa certeza que guardamos todos nos hace resistir y el hartazgo frente a un gobierno que no nos representa el impulso para cambiar.